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Escritura de emociones * meditación

¿alguna vez has sentido envidia?



Si alguien nos preguntara ahora mismo si en algún momento hemos sentido envidia, seguramente nuestra respuesta automática sería un ¡claro que NO! rotundo.

Y no me refiero a la llamada envidia "buena", que no sé si existe realmente, porque si es envidia y es buena entonces no es envidia. Yo lo llamaría más bien un sentimiento de "qué pena no poder ser/hacer/tener aquello que mi compañero es//hace/tiene, pero me alegro profundamente por él". Entonces en este caso no es envidia, es un sentimiento genuino de otra cosa diferente, de qué bueno que al otro le vaya bien.

Me refiero a la envidia pura y dura. Esa que nos enseñaron que es mala, que no está bien, que hay que arrancarla, exorcizarla, la que hemos aprendido que es prácticamente un sacrilegio sentir. Es ese calor que te recorre el cuerpo, es la creencia de tú mereces aquello que el otro tiene y se manifiesta con pensamientos del tipo: "lo injusta que es la vida, o lo mal que están las cosas"  ya que si tú eres diez veces mejor, más inteligente y supuestamente más creativo que el otro, ¿cómo puede ser que aún no tengas aquello que deseas y el otro sí?

Todos lo hemos sentido en algún momento en  mayor o menor medida, porque somos humanos. Y por más que nuestra cultura nos enseñe a ser personas buenas y culposas,  y que la envidia es uno de los siete pecados capitales, en algún momento nos embargará, y es perfecto que así sea.

La envidia nos visita cuando quiere  aportarnos información sobre nosotros, y es bueno que la escuchemos. Ignorarla o taparla con otros sentimientos más aceptados socialmente no hará más que encubrirla momentáneamente y nos dejará desvalidos, porque nunca llegaremos al fondo de la cuestión, al motivo por el que tenemos esa sensación tan incómoda.

Muchas veces se dispara este sentimiento de manera automática, pero si te detienes a analizarlo, en muchos casos el objeto de tu envidia ni siquiera encajaría con la vida que deseas o con los proyectos que tienes en tu terreno personal o profesional. Entonces vale la pena preguntarse si aquello que te molesta tanto porque el otro lo tiene y tú no,  realmente sería para ti. Aquí te dejo algunos pasos para descubrir cómo sacarle provecho a la envidia y convertirla en combustible.

Observa el malestar que te produce 


Lo mejor que podemos hacer es dejarla expresarse y bservarse a uno mismo: ¿en qué parte de tu cuerpo se está expresando? reconócela, acepta que está en  ti en este momento, y a continuación intenta distanciarte, mirando la situación desde lejos, desde otro ángulo


¿Qué es lo que hace que el otro triunfe?, ¿en qué puedes imitarlo? 


Puedes sacar mucho partido de las cosas que otras personas están logrando y que a ti te gustaría lograr si no perdieras demasiado tiempo sintiéndote mal y con enojo. Puedes aprender cómo lo han logrado, cuáles son sus puntos fuertes, incluso puedes acercarte a las personas que hayan triunfado en el terreno que te interesa para preguntarles cómo lo han hecho, sacar a relucir tu humildad y ponerte en lugar de alumno por una vez.


Piensa qué es lo que  te diferencia del resto y de qué manera puedes sacarle provecho 


Que otras personas logren cosas no significa que tú tengas que ser una copia exacta de ellos para lograr tu éxito particular. Tú tienes un montón de dones y toda la información universal necesaria para tener todo lo que deseas, solo que estás distraído teniendo sentimientos confusos hacia ti y hacia los demás. Puedes marcar la diferencia justamente validando tu parte diferente,  y con creatividad y ganas puedes convertirte en un  éxito si te permites brillar.


Soltar lastres 


Deja ir todo aquello que no te sirve para abrazar la vida que te espera. Las creencias con las que cargamos suelen ser la base del sentimiento de envidia. Quítate la mochila de prejuicios y sumérgete en  la coherencia de aquello que deseas y en la decisión propia,  y así las cosas fluirán como el agua del rio que no se detiene ante las piedras.


Personas que hicieron las cosas a su manera y triunfaron


La mayoría de los sabios, científicos y  artistas que han triunfado en el mundo fueron personas que marcaron la diferencia. Aunque en un primer momento fueran rechazados, (una reacción normal de toda sociedad ya que por regla general lo nuevo suele ser cuestionado), no se limitaron a copiar patrones o a competir con otros, sino que aportaron su componente personal, sus ideas y su gusto.



La envidia, amigos, como muchos de los sentimientos estigmatizados por nuestra cultura, es un gran maestro y tiene mucho que enseñarte, de otra manera no la sentiríamos jamás. Es difícil reconocerla en uno mismo ya que está muy mal vista, pero la base de la felicidad es la sinceridad. Cuando empiezas a conocerte, nada exterior puede hacerte sentir mal. 

Te invito a que  reflexionemos juntos.

¡Un abrazo y felices días!

Candela


5 comentarios:

  1. Sentía envidia de jovencita, pero ahora releyendo este artículo me doy cuenta de que me puedo quedar tranquila porque en realidad es un sentimiento muy común, gracias Candela

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    1. Si de joven uno al estar creciendo tiene miles de sentimientos encontrados, pero no quita que a veces nos sigan acompañando más tarde :) ¡gracias por tu aporte!

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  2. Siempre aprender, hasta con los sentimientos que parecen más obscuros. La verdad es que si paramos para prestar más atención en estos detalles y sacar provecho de ellos tendríamos muchísimos menos problemas.

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    1. Sí! esta super bien sentirlos, porque somos humanos, y lo mejor es que si los observamos al final dejarán de estar alli! besos Ed!

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  3. como hacemos al revés candela,cuando me quiero llevar bien con las personas que me envidian que estan en mi círculo y tengo que tratar con ellas pero no se alegran de lo que me pasa ?

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