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Cómo volví a amar el verano

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Hace unos meses atrás, antes de que empiece la primavera había tomado una decisión: determiné que este verano sería maravilloso, que disfrutaría, me reiría y visitaría distintos lugares. No como los anteriores.

Desde hacía varios años mis veranos pasaban sin pena ni gloria, porque se me había metido en la cabeza que no me gustaban, me resultaban fastidiosos, pegajosos, y bastante angustiantes. Solo existían en mi vida para desear que regrese el invierno. Era  una idea que de tanto pensarla se instaló en mi cabeza, se me hizo familiar y la daba por verdadera. Pero este año sentí algo diferente: estaba cansada de odiar el verano.

Todo comenzó releyendo la obra de Byron Katie, The work. La temporada estival se acercaba de a poco y de repente me encontré preguntándome:

¿Realmente esto que pienso es verdad?

¿Puedo saber que es verdad con absoluta certeza?

En ese preciso instante fue cuando recordé cuál era el origen mi antipatía por esta estación del año, y esto me llevó a saber cuándo fue exactamente  que se anidó en mi cerebro para no querer salir.

Todo empezó cuando era pre-adolescente.  No me podía ir de vacaciones porque mis padres no lo hacían y yo no era lo suficientemente mayor como para hacerlo por mi cuenta. Entonces me quedaba las tardes en casa escuchando  un programa radial llamado “La sobrilla”  transmitido en vivo desde la playa, donde hacían entrevistas a los afortunados bañistas que estaban disfrutando del sol y el mar. Yo soñaba con estar allí vacaciones, lo deseaba tanto que dolía. 

Después continuó cuando en la escuela era una pésima alumna y siempre me quedaban asignaturas pendientes. Me pasaba todo el verano encerrada en la habitación estudiando mientras escuchaba por la ventana las risas y los ruidos de “Plafffff”  cada vez que mis vecinos se tiraban a la piscina estilo bomba, lo cual me causaba una angustia descomunal.

La historia siguió ya de adulta, cuando tenía trabajos que no me hacían feliz y dependía de los pocos  días de descanso que me daba la empresa para apurar todos mis deseos, para condensar todas las cosas que quería hacer que me hacían sentir viva en solo en un par de semanas y que nunca resultaban suficientes porque cuando comenzaba a amar mi vida  ya tenía que volver a trabajar.

Y por último la idea se acabó de asentar en mi cabeza cuando un verano se me transformó  en "el verano de la ruptura".  Y con tanto calor y tanto sol no tenía que más remedio que mostrar mis penas a la luz del día, porque el día tenia demasiadas horas como para pasarlas encerrada. Solo pensaba que ojalá esto hubiera ocurrido en invierno,  así podría estar encerrada en casa sin excusas con cuatro mantas, llorando, comiendo  y viendo la telenovela".

Al darme cuenta de todos estos hechos que eran el origen de mi mala predisposición para con la época de calor me reí de mi misma, de lo automatizada que seguía viviendo. Seguía rigiéndome por creencias que se asentaron en mi cabeza gracias a vivencias que ya no tenían nada que ver con el presente, porque se habían transformado por completo. 

Este verano fue diferente, fue el primero en mucho tiempo que decidí que era hermoso, porque sí, porque puedo, porque soy independiente y puedo armar mi vida como quiero. Porque ya no hay asignaturas pendientes que me prohíban darme un chapuzón, ni rupturas de pareja que me dejen planchada, porque puedo irme de vacaciones sin depender de nadie, porque gracias a todo lo que viví hoy tengo la vida que elegí. Y como ya saben lo disfruté al máximo, (excepto esos días que tuve la genial idea de ir al norte de  UK donde me morí de frío y la lluvia no me dejó pisar la calle)

Te invito a que revisemos las cosas que no nos gustan. Sobre todo si se tratan de situaciones inevitables, como en mi caso la llegada del verano, que la iba a tener que enfrentar igual, sea como sea. Muchos de nuestros disgustos son creencias, pensamientos que se quedaron cristalizados en la mente construidos solos de pasado. La idea es que los actualicemos constantemente. Porque el pasado está aquí para unirse con el presente, no para quedar separado.

Estoy muy contenta de volver al teclado, estoy muy contenta de aprender a cambiar mis patrones de pensamiento, que no son más  que eso: patrones. 


2 comentarios:

  1. En verdad..... Mi perspectiva de vida a cambiado rotundamente por las lecturas. Tu y María José me han ayudado a alinear mi vida. Debo de reconocer que los cambios dan miedo y todavía no doy el primer paso pero en eso estoy, agradezco a Dios y al Universo por todo lo bueno que nos brindan y te quiero mucho, saludos amorosos y sinceros! Con cariño Lupita.
    P.D Gracias

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    Respuestas
    1. Hola Guadalupe! qué lindo es saber que a persnas comno tú les sirven nuestras palabras y le hacen cambiar la perspectiva. Sigue adelante siempre, aún con miedo que puedes aprender a manejar!

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