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La guía para aprender a soltar

Cuando pensamos que es demasiado tarde





Estos últimos días estuve pensando acerca del tiempo cronológico aplicado a la vida cotidiana. De cómo percibimos su transcurso en línea recta, con un principio y un final y de cómo nos convencemos de que en esa línea tenemos que marcar la mayor cantidad de  tantos posibles para ganar el juego, sin pérdida de tiempo y  por supuesto, sin saltarnos los pasos estipulados.   

Pero ¿quién hace estas reglas?

Cada vez conozco a más jóvenes que entre la escuela y la universidad prefieren conocer la vida. No me refiero a ir de mochileros en un año sabático, lo cual también es genial si se puede hacer, sino a investigar el mercado vital y laboral. Prueban en diferentes trabajos, conocen personas y ganan experiencias nuevas mientras  aprenden a vivir. Conocen el mundo tal cual es antes de decidirse por una carrera. Es una locura que una persona  que a los 18 años está aún formándose biológica y psicológicamente se vea obligada a hacer una elección de por vida.

Lo mismo ocurre en la adultez. Cada vez hay más personas haciendo lo que les da placer. La felicidad es un permiso muy nuevo, es un concepto de nuestra era. Hasta hace muy poco las maquinarias de la revolución industrial no nos daban la posibilidad de plantearnos un cambio "para sentirse pleno", porque lo que tocaba era asegurarse de a mantener la perpetuidad propia, familiar, social y de la especie humana. 

Este aspecto está cambiando, cada vez hay más personas que se animan a investigar caminos nuevos, a buscar información, opciones, recursos y a indagar más hacia dentro de uno mismo que hacia afuera, para descubrir qué es lo que tienen de valor para ofrecer. No es necesario que los cambios sean bruscos. No tienes que dejar tu trabajo, ni tu vida tal cual es, sino empezar por una pregunta: ¿Qué es lo que quiero?. Y de ahí buscar la manera para dar aunque sea un  primer paso.

Las mejores decisiones que tomé en la vida fueron de mayor. Es más, todas las cosas que supuestamente hay que tener resueltas en la veintena yo las solventé mucho después. Por eso mismo no supe a qué me quería dedicar hasta hace unos años. No fue fácil, fue como quien dice "a los golpes", pero al final tenía que ver con algo que me a mí siempre se me había dado bien.

Siempre, en todas las etapas de la vida y en todas las edades hay algo que podemos ofrecer. La gente que ama lo que hace nunca se jubila . No lo hagas tu misma antes de empezar.

¡ Hasta la próxima!

Candela

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