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La guía para aprender a soltar

Días de diseño interior




Estos días no ha hecho otra cosa que llover. Es una de esas temporadas donde la única opción durante el fin de semana parece ser el recogimiento. El recogimiento y las tortas fritas, como antes, ¿se acuerdan?. Siempre quise saber por qué la lluvia incitaba a las abuelas automáticamente a prepararlas, el sábado si llueve: mate con tortas fritas, plan infalible. 

Creo que es una cuestión de sentidos. El aroma de la masa friéndose, la consistencia de la preparación, la textura seca que se mezcla en la boca con la sensación del matecito caliente, nos abre la permisión de comerlas por estar lloviendo, por ser fin de semana, por tener que quedarnos dentro de casa sí o sí. Es un enorme consuelo de la vida para esos días en que las inclemencias climáticas poco nos dejan hacer en el exterior, y mucho en el interior. 

De todos los sentidos, considero que el olfato es el que más nos transporta en el tiempo.  Soy muy mala identificando olores, admito que carezco del don que tienen mis amigas de identificar cualquier rastro de aroma por mínimo que sea  y saber analizar exactamente de cuantos elementos está compuesto, a mejor estilo C.S.I. A mí me cuesta horrores saber a qué huele algo, un ambiente, una prenda, o cualquier cosa.  Pero cuando se trata de comida, no hay quien me gane. Podría recibir el premio -en caso de que alguien lo inventara- a la mejor oledora de comida del mundo.  

Cada vez que me separaba de mi novio, cosa que ocurrió intermitentemente durante un buen tiempo, no podía sentir el perfume del cilantro, ni del jengibre, ni de la menta, porque inmediatamente mi vida se convertía en una telenovela latinoamericana digna de El Canal de las Estrellas, de esas que tanto me gusta ver cuando me echo la siesta. Me atormentaban miles de recuerdos gastronómicos que plácidamente arruinaban lo que sea que estaba haciendo. Muy Corín Tellado lo mío, pero una es así de sensiblona. 

Me fui por las ramas, pero en resumen: toca fin de semana de introspección, de trabajarse por dentro, de aprovechar que llueve para estar en casa y hacer todas las cosas que no se pueden hacer cuando el clima está lindo, porque de hacerlas, si nos quedáramos en casa  en un día radiante mientras todos suben fotos en Instagram disfrutando de un sol pleno y saludable, con sonrisas a granel y practicando retorcidas posturas de yoga, el sentimiento de culpa nos haría una compañía bastante pegajosa. 

Así que aprovechemos a comer exquisiteses reservadas solo como consuelo para  los días de lluvia y a extendernos a lo largo del sofá a ver películas, en lo posible todo a la vez. Que la vida tiene una inteligencia propia y las cosas están muy bien hechas, que pronto volverán los días de sol y las exigencias serán exactamente las opuestas. 

Feliz domingo para todos. 









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