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En el capítulo anterior de esta serie de verano sobre la autoestima, nos hemos centrado en descubrir qué cosas hacemos solo por el hecho de sentirnos aceptadas aunque no nos gusten o no estemos del todo de acuerdo, y como hemos tenido un par de semanas para descubrirlo, confío en que ya tendrás alguna pauta visible. 

En este segundo capítulo,  vamos a tratar de dilucidar el motivo por lo cuál hacemos lo que hacemos. 

Creo que todas, en algún momento, hemos sido tremendamente culposas. Principalmente nos ocurre a las mujeres, porque ancestralmente nos han educado para complacer, y sí, sé que esto lo has escuchado hasta la saciedad y que te parece un cliché, pero te invito a que lo analices. 

Nos enseñan a ser buenas, educadas, femeninas, no contestar y a servir a los demás. Lo hemos hecho por siglos y siglos, y asu manera ha funcionado. Pero en estas últimas décadas, también se nos ha añadido el factor de que además de todo eso, debemos triunfar profesionalmente, lo cual añade una carga enorme a todo el bagage de tareas que ya cargábamos . Ser independientes es genial, pero si no sabemos cómo integrarlo y se convierte en uno más de los deberes inculcados del listado,  puede convertirse en un camino muy cuesta arriba. 

Una de las maneras que tenemos de tramitar toda esa carga que no sabemos cómo manejar, es por medio de la justificación. 

Estamos intentando encontrar motivos para explicar lo que hacemos constantemente, no vaya a ser cosa que el otro se ofenda y nos retire su amor. Pero este camino no es de una sola dirección, claro que no, sino que es doble. Lo mismo que sentimos y de lo que nos quejamos, solemos exigirlo a los demás. 

Creemos que los otros tienen una buena cuota de  obligaciones para con nosotras, los ponemos como  responsables de muchas de las cosas que nos ocurren y les colocamos sobre sus espaldas el deber de que  nos amen, porque como podemos o no sabemos hacerlo nosotras mismas, entonces mejor que otro cargue con esa responsabilidad, y de paso también podemos utilizar su forma de actuar como un medidor de cuánto le importamos, y así nos ahorramos la tarea de tomar la responsabilidad de darnos, amarnos y ocuparnos de nosotras, porque eso da mucho trabajo, porque si lo hacemos tenemos que conectar muy profundo con nuestro ser, y claro, no queremos, por que eso duele mucho, porque se nos evidenciarían todas las carencias, todo aquello de lo que no somos capaces,  y lo que menos queremos es hacernos responsables de tanta carga, así que mejor que lo haga otro. 

La falta de amor propio hace eso. Hace que proyectemos constantemente, que busquemos respuestas  todo el tiempo,  en las personas, en las dietas, en la ropa. Todo lo que nos mantenga distraídas  de la verdadera conexión con el ser esencial es bienvenido.

Pero es un servicio engañoso y momentáneo, que actúa como un parche que cubre el dolor solo por un rato,  solo funciona si los otros nos demuestran su interés, o si nos sentimos lindas y atendidas un día concreto,  si estamos pletóricas con una prenda nueva o llenas de endorfinas al salir del gimnasio, son sensaciones que nos colman, claro, pero lo hacen en la misma medida son efímeras. 

Si no nos trabajamos también por dentro, cuando pasen los días o incluso las horas, toda esa falta de amor vuelve, una y otra vez, y vuelven los reclamos, el descontento, la auto-desconfianza proyectada hacia los demás, disfrazada de "nadie me quiere". 


¿Y sabes qué? Si nadie te quiere, entonces quiérete tú. 


Para aprender a hacerlo y empezar a conectar con la esencia que tiene las respuestas, que está dentro  tuyo y no fuera, pregúntate

¿En qué ocasiones me justifico ante los demás o ante mí misma mi por mis actos?

¿En qué ocasiones pido justificaciones a los demás o me siento desilusionada por ellos? 



Durante esta semana, quiero que te tomes en serio la tarea de identificar estas situaciones, y que cada vez que las localices las trabajes, que vuelvas a leer esta serie de artículos a los que puedes subrayar, añadirle notas o customizar de  la manera que más fácil te sea de trabajar con él. 

Aprende a justificarte menos, pero también a sentirte menos de quienes te rodean. De a poco, siempre de a poco, localizando las situaciones en las que esto ocurre y aplicando estos conceptos. 

Te mando un abrazo y nos vemos el siguiente domingo, que tengas una exquisita semana llena de auto- trabajo. 

Candela



* Este artículo pertenece a la serie de verano de todos los domingos  se divide así: 






Cómo plantearte metas y conseguirlas en un tiempo fijo (próximamente) 

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